Hace unas semanas participé en un taller de calidad en RTM.
El objetivo era mejorar la efectividad de los sistemas de gestión de la calidad implantados en las empresas de los asistentes. Tratamos muchos temas pero a mi me interesaba especialmente mejorar la definición de indicadores y objetivos.
Un sistema de gestión de la calidad como ISO 9001 está basado en procesos. Para conocer el nivel de madurez de un proceso es preciso definir indicadores representativos y medirlos. Recordemos la famosa cita de Lord Kelvin “Lo que no se define no se puede medir, lo que no se mide no se puede mejorar y lo que no se mejora se degrada siempre”.
Algunas de las conclusiones que extraje del taller, en relación con la definición de indicadores fueron:
- deben ser representativos del proceso
- deben ser fáciles de calcular
- se debe definir la frecuencia con la que se calculan
- deben establecerse unos objetivos en relación con cada indicador
- tras su cálculo con la frecuencia prevista, deben definirse acciones que corrijan la situación en caso de estar fuera de los objetivos.
Pero, ¿cómo se relacionan estos indicadores, más bien operativos, con los objetivos estratégicos de la compañía? Hasta ahora sólo estamos midiendo para conocer el estado de nuestros procesos de negocio pero ésto no sirve de mucho si no somos capaces de hacer que lo que medimos nos permita conocer lo cerca o lejos que estamos de nuestros objetivos corporativos.
Por ejemplo, el nº de visitas realizadas al mes por un vendedor puede ser un indicador que mida el proceso comercial pero no nos garantiza el cumplimiento de un determinado objetivo de facturación que puede ser estratégico.
En ocasiones, se puede dar la circunstancia de que algunos de los indicadores definidos para nuestros procesos de negocio ya nos permitan conocer si nos estamos acercando o no a nuestros objetivos estratégicos. Pero, como hemos visto, puede que no siempre sirvan.
En este último caso será preciso definir indicadores adicionales específicos para medir lo cerca o lejos que estamos de nuestros objetivos corporativos. Como resultado tendremos un cuadro de mando con indicadores más o menos operativos, para el día a día, y con otros más estratégicos.
Un último comentario: puede llevar varios años conseguir definir un buen cuadro de mando, con los indicadores adecuados y que nos sea útil. Se trata, creo, de un proceso de ensayo y error. De hecho, es de nuestros errores de lo que más podemos aprender.
¿Qué opinión tienes sobre estas conclusiones? ¿qué tipo de indicadores utilizas? ¿cómo los relacionas con los objetivos estratégicos de la organización? Compartiendo nos enriquecemos; espero vuestras aportaciones.